Soñadora

Soñador, querido soñador,

yo le advertí soñador.

No se enamore de mí, no…

Usted muy joven y valiente,

sueña con la flor mas fría y desgraciada.

No se da cuenta soñador,

las flores cortadas se marchitan,

se les haga lo que se les haga.

Lo triste de mi destino no lo tiene que compartir usted.

Las duquesas le aplauden, elija una,

¡Déjeme!, dejeme sola..

A mi no me elija soñador,

yo lo amo hasta donde se puede amar a un cliente,

pero usted va mucho más allá.

No me obligue a amarlo, renuncie…

La mirada también es un síntoma de aquella enfermedad,

fíjese que yo cobro por compartirla.

Nuestros intereses son muy distintos,

separados por polos y sentimientos.

No me obligue…

Yo me voy, despídase, soñador,

Hágalo pero no me ame, olvídese soñador.

Att: Su soñadora.

«Al pie de la carta un beso de labial se posaba».

francisca

¡Oh, Francisca! Que cintura tan fina,

Metamorfosis entre tus sábanas,

llename de pasión,

Dulces son tus besos, clavos tus ojos

y ansiosa tu respiración.

Duerme con tu disfraz de piel,

yo te beso, te muerdo y tu vives,

evitando dormirte en este sueño.

Dorada, no esquives mis manos

desnudate y deja tu estela en mi alma,

me besas, me desintegro, me completo.

El mar se mueve en tu cintura,

piel tropical, la tomo y la despojo de su abrigo.

Pronuncio monosílabos, todos llenos de pasión,

¿Por qué gritas?, mis oídos están para ti,

¡Tanto amor!, mi cuello recordara tus caricias.

¡Oh Francisca!.

Soledad…salpicas en mí,

velada salvaje, repite eso por favor…

Como te duele, lo recuerdo y te beso,

tus caracolas me miran, no disimulan y me invitan.

Mañana devorada, cansada Francisca.

Mi corazón salta contigo, jamás sola,

Emites esos ruidos, sudorosa Francisca.

Revientas en intervalos de gusto,

explotas y las miradas nos señalan,

dulce Francisca, pronunciada

mira aquel color, grita, grita Francisca

yo te retrato, invisible, recordándote,

no te dejaré, mía, consumida, Francisca,

descansa, desprendida de tu alma,

tan agotada Francisca, mi sueño.

Apasionado es tu eco, tus muslos bien arriba,

tibios, fríos, blancos, pero nunca solos…

En el abismo, ¡Francisca!.

Tu cadera devastada, te pintas los labios,

influenciada por el amor, saltas y aúllas,

dices incoherencias,

dejando estragos en mi pensamiento, conociéndonos,

llueve afuera, llueve adentro,

me canso y te cansas,

¡Oh, Francisca! ¡Mariposa! No grites.

Buenas noches.